—Yo no me enamoré de tus fracturas. Me enamoré del hombre que intentaba hacerme reír aunque no podía levantarse. Del que empezó a lavar platos sentado porque no soportaba verme hacer todo. Del que volvió a ponerse de pie cuando había días en que ni él creía que pudiera. Si mañana caminas sin bastón, me da igual. Si vuelves a necesitar muletas, también.
Andrés bajó la mirada.
—No quiero que crean que le quitaste el marido a tu hermana.
—Mi hermana te dejó. Yo no te quité de ningún lado.
Aun así, decidieron no apresurarse. Andrés necesitaba procesar el abandono y Lucía quería estar segura de que lo suyo no nacía sólo de la necesidad de cuidar. Fueron a terapia por separado y pasaron varios meses antes de llamarse pareja.
Mientras tanto, Andrés buscó una manera de volver a trabajar.