Mariana se enteró por una prima. Fingió que no le importaba y dijo que estaba demasiado ocupada para dramas familiares. Sin embargo, esa noche cenó sola frente a los ventanales de su departamento y dejó el plato casi intacto.
Para entonces, ella había conseguido casi todo lo que deseaba. La nombraron directora financiera de una empresa del corredor industrial de El Salto. Se mudó a un departamento de lujo en Puerta de Hierro, compró una camioneta nueva y viajaba por trabajo.
Tenía dinero, estabilidad y prestigio.
Pero no tenía paz.
Tuvo dos relaciones importantes. La primera terminó porque el hombre estaba casado. La segunda, cuando él perdió su trabajo y cayó en una depresión.
Durante una discusión, Mariana le dijo:
—No puedo cargar con tus problemas.
En cuanto escuchó su propia voz, se quedó paralizada.
Había pronunciado casi la misma frase que le dijo a Andrés.