Y en medio de toda esa pérdida, había convertido la presencia de ella en la última prueba de que todavía conservaba algo de su antigua vida.
Eso explicaba su comportamiento.
No lo justificaba.
«¿Sabes qué va a pasar ahora?» le pregunté.
Me miró con desconfianza.
«No voy a llamarla para pedirle que regrese.»
Su expresión cambió.
«Nunca dije que lo hicieras.»
«Bien.»
Me levanté.
«Tampoco voy a preguntarle cuándo piensa volver a visitarte. Y cuando la familia pregunte dónde está, tú les vas a decir la verdad.»
«Mamá.»
«Tú terminaste con ella antes del accidente. Ella decidió ayudarte después. Eso es lo que ocurrió.»
«No necesito que toda la familia se entere.»
«Ella tampoco necesitaba que toda la familia creyera que seguía siendo responsable de ti.»
Él volvió a mirar hacia la ventana.
Lo dejé ahí unos minutos y salí al pasillo.