Me casé con mi paciente cuando los médicos dijeron que solo le quedaban 3 días de vida. Después del funeral, su hermana me entregó una caja y susurró: “Ella quería que la abrieras cuando ya no estuviera”. Dentro había una carta legal y 1.780.000 pesos a mi nombre. Cuando vio la cifra, dejó de verme como quien cumplió su último deseo y hizo una acusación que podía acabar con mi carrera.

“Me acuerdo.”

“Estaba feliz.”

“Sí.”

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

“Eso es lo que me confunde, Lucas. Yo también participé. Pensé que estábamos dándole un último momento bonito.”

“Yo pensé lo mismo.”

“Y luego apareció ese dinero.”

Saqué los documentos del abogado.

La notificación de la herencia.

Mi renuncia.

Las fechas.

Nora los leyó.

“Esto demuestra cuándo te notificaron.”

“Sí.”

“Pero no demuestra que no supieras antes.”

“No.”

Levantó la vista, sorprendida.

“¿No vas a discutir?”

“No puedo demostrar algo que no ocurrió. Solo puedo decirte la verdad.”

Empujé los papeles hacia ella.

“Tampoco quiero que retires tu denuncia si crees que había motivos para presentarla.”

“Entonces ¿qué quieres?”

“Que cuando hables con el hospital digas solamente lo que viste.”

Nora respiró profundamente.

“Vi a mi hermana pedirte que te casaras con ella.”

“Sí.”

“Vi que tú aceptaste.”

“Sí.”

“Y no escuché ninguna conversación sobre dinero.”

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