Con un esfuerzo que me hizo llorar, logré mover el índice derecho.
Después el pulgar.
Milímetro a milímetro saqué el teléfono escondido bajo el colchón.
Abrí la aplicación de la cámara.
Busqué las grabaciones de las noches anteriores.
Y entonces vi algo que me heló la sangre.
Camila y Ricardo entraban cuando yo dormía. Él sacaba pequeños frascos de su bolsillo y alteraba mi medicamento. En otro video, Camila preguntaba cuánto faltaba.
Ricardo respondió:
—Si mantenemos la dosis, parecerá una enfermedad degenerativa. Nadie buscará otra cosa.
Camila se acercó a mi cama y dijo:
—Tiene que estar incapacitada antes de la asamblea. Después, ya no importa cuánto dure.
Seguí avanzando el video hasta la madrugada anterior.
Vi a Andrés entrar después de ellos.
Pero antes de sacar la jeringa negra, hizo algo que yo no había visto desde la cama: tomó una muestra de mi suero, la guardó en un tubo y fotografió la etiqueta del medicamento que Ricardo había dejado.