Me tiró la comida al suelo porque creyó que una sargento desconocida no merecía aquella mesa; entonces un general se acercó, pronunció mi nombre y reveló por qué llevaba años escondiendo una pequeña caja en el fondo de mi mochila.

—Entonces empiece por preguntar —le dije—. Y acepte las respuestas.

Nos despedimos sin estrecharnos la mano.

La conversación había sido un comienzo. Nada más.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *