El capitán bajó los ojos.
El general me pidió que relatara lo ocurrido. Lo hice sin agregar nada.
También mencioné a la soldado Molina.
Barragán levantó la cabeza.
—Eso fue una corrección.
—La manga podía acomodarse sin exhibirla —respondí.
El silencio se alargó.
El general explicó que el incidente sería documentado y que se revisaría la conducta señalada. No me ofreció decidir una sanción, ni yo la habría aceptado como si la disciplina fuera una venganza personal.
Lo único que pedí fue poder hablar un momento.
Aranda asintió.
Miré al capitán.
—Usted cambió su manera de verme cuando escuchó lo de la condecoración.
No respondió.
—Piense en quienes no llevan una caja. En quienes no conocen a un general. En la muchacha de esta mañana.
Se apretó las manos sobre las rodillas.
—Me excedí.
—Sí.
Esperé un instante.