En cambio sonrió.
—Dile que venga.
La miré.
—¿Estás segura?
—Sí.
Después añadió:
—Incluso tengo algo preparado para ella.
Eso no me tranquilizó.
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PARTE 1: LA BODA
Adriana se casó en una hacienda a las afueras de Querétaro.
Había alrededor de ciento cuarenta invitados.
Familia.
Amigos.
Compañeros.
Personas que habían visto crecer a mis hijas.
Verónica apareció aproximadamente cuarenta minutos antes de la ceremonia.
Vestido brillante.
Bolso caro.
Joyas.
La misma seguridad con la que se había ido quince años antes.
Cuando vio a Adriana abrió los brazos.
—Mi niña.
Mi hija permitió el abrazo.
Verónica la sostuvo como si tuviera derecho a recuperar quince años en quince segundos.
Después dijo:
—Por fin estamos juntas otra vez.
Yo estaba suficientemente cerca para escuchar lo siguiente.
—Algún día vas a entender por qué me fui.
—Tu padre no podía ofrecerme nada.