MI ESPOSA ME DEJÓ SOLO CON NUESTRAS SEIS HIJAS PARA IRSE CON UN HOMBRE RICO. QUINCE AÑOS DESPUÉS APARECIÓ EN LA BODA DE NUESTRA HIJA MAYOR VESTIDA COMO SI NUNCA HUBIERA PASADO NADA. ENTONCES MI HIJA PIDIÓ QUE TRAJERAN UNA CAJA ENORME FRENTE A MÁS DE CIEN INVITADOS. CUANDO SU MADRE VIO LO QUE HABÍA DENTRO, DEJÓ DE SONREÍR.

—Yo tenía sueños.

—Merecía una vida mejor.

Adriana sonrió.

No fue una sonrisa feliz.

Pero Verónica no lo notó.

—Claro, mamá.

—Lo entiendo.

Después añadió:

—De hecho preparé algo para ti.

Los ojos de Verónica se iluminaron.

—¿Para mí?

—Sí.

Adriana hizo una seña.

Dos personas aparecieron cargando una caja grande.

La colocaron frente a nosotros.

Verónica sonrió mientras algunos invitados empezaban a mirar.

—No tenías que comprarme nada.

Adriana respondió:

—No lo compré.

Abrió la caja.

Y por primera vez desde que llegó, Verónica dejó de sonreír.

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PARTE 2: TODO LO QUE SE PERDIÓ

Adriana sacó una tarjeta de cumpleaños.

La levantó.

—Esta es de cuando cumplí seis años.

Después la abrió.

—Dice: “Con amor, mamá”.

Verónica miró la tarjeta.

Mi hija continuó:

—Pero tú no la compraste.

—Papá la compró.

—Papá escribió el mensaje.

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