—Yo tenía sueños.
—Merecía una vida mejor.
Adriana sonrió.
No fue una sonrisa feliz.
Pero Verónica no lo notó.
—Claro, mamá.
—Lo entiendo.
Después añadió:
—De hecho preparé algo para ti.
Los ojos de Verónica se iluminaron.
—¿Para mí?
—Sí.
Adriana hizo una seña.
Dos personas aparecieron cargando una caja grande.
La colocaron frente a nosotros.
Verónica sonrió mientras algunos invitados empezaban a mirar.
—No tenías que comprarme nada.
Adriana respondió:
—No lo compré.
Abrió la caja.
Y por primera vez desde que llegó, Verónica dejó de sonreír.
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PARTE 2: TODO LO QUE SE PERDIÓ
Adriana sacó una tarjeta de cumpleaños.
La levantó.
—Esta es de cuando cumplí seis años.
Después la abrió.
—Dice: “Con amor, mamá”.
Verónica miró la tarjeta.
Mi hija continuó:
—Pero tú no la compraste.
—Papá la compró.
—Papá escribió el mensaje.