—Y papá firmó tu nombre.
Sentí que el pecho se me cerraba.
Yo jamás le había pedido que contara aquello.
Adriana metió la mano otra vez.
Sacó un paquete de tarjetas atadas con una cinta.
—Quince años.
—Cumpleaños de seis hijas.
Miró a su madre.
—Papá firmaba tu nombre porque no quería que nos despertáramos creyendo que nuestra mamá nos había olvidado.
El lugar se quedó en silencio.
Yo bajé la mirada.
Había hecho aquello durante años.
No para proteger a Verónica.
Para protegerlas a ellas.
Cuando eran pequeñas, pensaba:
Algún día entenderán.
No tiene que ser hoy.
Adriana siguió.
Sacó un programa escolar.
—Tercer grado.
—Tú no estabas.
—Papá estaba en primera fila.
Después una fotografía.
—Mi primera presentación de baile.
—Tú no estabas.
—Papá aprendió a hacer una trenza francesa esa mañana.