Mi esposo estaba a punto de perder el conocimiento cuando me pidió: “Prométeme que hoy mismo pondrás la casa de 13,4 millones a nombre de tu mamá”. Firmamos ante un notario en el hospital y yo no dije nada a su familia. Apenas cayó en coma, su madre reunió a sus hijos para repartirse nuestros bienes… pero una grabación que guardaba mi abogado estaba a punto de destruir su versión.

Eso confirmó algo que desconocía. Los 780 mil pesos eran solo una parte. Mauricio había acumulado préstamos informales, apuestas y deudas con proveedores.

—¿Y por eso Tomás tiene que pagar?

—Él siempre tuvo todo. Buen trabajo, casa, mujer que administra el dinero… y yo siempre tuve que pedir.

Entonces se abrió una cortina de plástico detrás de él.

Teresa salió de las sombras.

Yo había sospechado que sabía algo. No estaba preparada para verla ahí.

—Baja la voz —me dijo—. Todo esto se puede arreglar si dejas de ser egoísta.

—¿Egoísta? Su hijo está respirando con un tanque casi vacío.

Teresa miró la camilla con una frialdad que todavía hoy me cuesta recordar.

—Tomás se va a recuperar. Pero Mauricio necesita la casa ahora.

—Camila también es su familia.

—Camila crecerá y se irá. Mauricio es quien lleva el apellido.

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