PARTE 3
La policía rastreó la ambulancia hasta una antigua clínica de rehabilitación abandonada en las afueras de Guadalajara. Cuando llegamos, encontramos la pijama hospitalaria de Tomás, gasas usadas y un tanque de oxígeno casi vacío, pero a él ya se lo habían llevado.
En una pared, escrito con labial rojo, había un mensaje:
“Si quieres que viva, trae los papeles de la casa.”
Sentí una rabia tan limpia que dejó de parecer miedo.
Alejandro me tomó del brazo.
—No vas sola.
El teléfono volvió a sonar. Mauricio me citó en una bodega frigorífica vieja, cerca del río Santiago, que su negocio había rentado años atrás. Exigió que fuera sin policías.
Los agentes prepararon un operativo. Me colocaron un pequeño transmisor bajo la chamarra y activaron la ubicación de mi teléfono. Mi única tarea era mantenerlos hablando y no firmar nada.