—Mamá, dejaron sola a una niña de cinco años.
—Sabíamos que tú regresarías.
—¿Y si alguien se la llevaba?
—No exageres. Además, tú siempre has querido ser mamá. Pensamos que pasar unos días con Sofía te haría bien.
Me quedé helada.
No había sido una ocurrencia de Fernanda.
Mis padres lo sabían.
Mi padre mandó un mensaje minutos después:
“Si declaras contra tu hermana, no vuelvas a esta casa.”
Tres días más tarde llegó el video del aeropuerto.
Fernanda caminaba hacia la puerta de embarque. Mis padres iban con ella. Sofía intentó seguirlos.
Mi madre se agachó, le dijo algo y señaló los asientos.
La niña obedeció.
Los tres se fueron.
No fue confusión.
No creían que yo estuviera a unos pasos.
La cámara mostraba a Fernanda volteando antes de abordar.