Mi familia cambió el vuelo sin avisarme y dejó a mi sobrina de 5 años sola en la terminal con una carta para mí: “Cuídala mientras nosotros descansamos”. Cuando la niña preguntó si su mamá se había ido porque ella era mala, dejé de intentar proteger a mi hermana. Llamé a su exmarido y, al abrir la carpeta que trajo, descubrí que el abandono del aeropuerto era apenas el comienzo.

Sacó el celular.

Y grabó a su propia hija esperando sola.

En ese instante recibí un mensaje suyo:

“Disfruta jugar a la mamá mientras puedas. Cuando vuelva, vas a aprender lo que pasa cuando te metes con mi hija.”

Fernanda regresaba a la Ciudad de México al día siguiente.

Y esta vez no iba a encontrar a la hermana que siempre se quedaba callada.

PARTE 3

Fernanda llegó el sábado a las siete y media de la noche, bronceada, con lentes oscuros en la cabeza y una maleta blanca que todavía llevaba la etiqueta del aeropuerto.

Tocó mi puerta como si viniera por una chamarra olvidada.

Cuando abrí, sonrió.

—Vengo por Sofía.

La sonrisa desapareció al ver a Mateo detrás de mí.

También estaba la licenciada Adriana Salgado, la trabajadora social asignada al caso. Ya se habían dictado medidas provisionales: mientras un juez familiar revisaba el expediente, Sofía permanecería con su padre y cualquier convivencia con Fernanda tendría que sujetarse a lo que determinara la autoridad de protección.

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