—¿Qué hace él aquí? —preguntó.
—Está con su hija —respondí.
Fernanda intentó pasar.
Adriana se colocó frente a ella.
—Señora, no puede retirar a la menor en este momento.
Mateo habló sin levantar la voz.
—Solicité la custodia. Tenemos el video del aeropuerto.
Fernanda me miró.
No parecía avergonzada.
Parecía ofendida.
—Tú hiciste esto.
—Tú dejaste sola a tu hija.
—¡Confié en ti!
—No. La abandonaste y además decidiste convertir mi infertilidad en una burla.
Su expresión se endureció.
—Ay, por favor. Siempre estás llorando porque no pudiste tener hijos. Pensé que te haría feliz pasar unos días con la mía.
Sofía observaba desde el pasillo, medio escondida detrás de Mateo.
Fernanda la vio y cambió de tono.
—Mi amor, ven con mamá. Ya regresé. Vamos a casa con los abuelos.
Sofía no se movió.
—Quiero quedarme con mi papá.