Mi hermana se paseaba en toalla frente a mi esposo y decía que era “una prueba”: hasta que él le respondió con su propia prueba

Por una vez, Brenda no tuvo respuesta. Luego Joaquín me miró, un poco culpable.

—Y te debo una disculpa. Me dije que “mantenerme al margen” era dejarte manejar a tu hermana. En realidad te dejé sola defendiendo algo que nos afectaba a los dos.

Algo en mi pecho se aflojó.

—Qué maravilla —bufó Brenda—, ahora ustedes tienen una revelación matrimonial. ¿Puedo ir a ponerme ropa?

—Por favor.

—Brenda —la detuve—. Uno de esos cuartos está disponible ya. La dueña puede mostrarlo esta tarde. Ya le escribí.

—No me voy a mudar ahí.

—Entonces no lo hagas. Seguiremos buscando. Pero vamos a ir a verlo. No te pido que tengas la vida resuelta mañana. Te pido que des pasos.

Subió y cerró la puerta con fuerza. Veinte minutos después bajó en jeans y sudadera y dejó caer sobre una silla la bata más fea de la casa: una de franela rosa, desteñida, con gatitos estampados y una manga encogida.

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