Miré la cajita musical destruida que Mauricio había llevado consigo.
Entonces lo entendí.
—¿La rompiste tú?
—Sí. Quería que entendieras que tu etapa en esta familia terminó.
Valeria intervino como si estuviera hablando de una mudanza cualquiera.
—Mateo entrará a primaria pronto. Necesita espacio. La casa que ustedes compraron en Juriquilla está a nombre de Mauricio, ¿verdad? Teresa dijo que legalmente será más sencillo que tú salgas.
Sentí que las piernas me temblaban.
Aquella casa la habíamos comprado tres años atrás.
Mis padres entregaron seiscientos cincuenta mil pesos de sus ahorros para el supuesto enganche.
Yo transfería dieciocho mil pesos mensuales para ayudar con la hipoteca.
Valeria sonrió.
—No necesito tus muebles. Puedes llevártelos si quieres.
Por primera vez no sentí tristeza.
Sentí frío.
Guardé en mi bolsa las copias del reconocimiento de paternidad y del convenio de divorcio.
No discutí.