O podía enseñarle que cuando un adulto falla, el error sigue siendo del adulto.
La recuperación física tampoco tuvo el final milagroso que algunas personas esperaban.
No hubo una mañana en que Camila saltara de la cama completamente recuperada.
Hubo terapia.
Ejercicios repetidos.
Días buenos.
Días horribles.
Semanas en las que avanzaba mucho y mañanas en las que se cansaba después de caminar unos metros.
Al principio odiaba el andador.
—Todos me van a mirar.
—Puede ser.
—No quiero que me tengan lástima.
—Entonces no vamos a pedir lástima.
—¿Y si preguntan?
—Tú decides qué quieres contar.
Esa frase se volvió importante en nuestra casa.
“Tú decides.”
Después de lo que había pasado, demasiada gente había decidido cosas por ella.
Dónde podía estar.
Qué debía callar.
Qué significaba lo ocurrido.
Qué versión era conveniente.