Mi marido me comparó con la esposa de un amigo y soltó: “Ella sí sabe atender a su hombre; con mi sueldo yo no debería tocar ni una escoba”. En vez de pelear, llamé a aquella mujer y después puse todos nuestros recibos sobre la mesa. Lo que descubrí sobre su supuesta “esposa perfecta” me dio una idea, pero el verdadero golpe llegó cuando nuestra tarjeta común quedó en cero.

—¿Y qué dijo?

—Que sólo era una broma.

—Siempre es una broma cuando alguien los confronta.

Paola sonrió con tristeza.

—Le dije exactamente eso.

Aquella misma semana hubo una carne asada en casa de unos compañeros de Raúl.

Mariana no quería ir, pero finalmente aceptó porque Raúl insistió.

Mauricio no tardó ni veinte minutos en empezar.

—¿Qué pasó, Raúl? —preguntó frente a todos—. Me dijeron que ya te tienen contando monedas en tu propia casa.

Algunos hombres rieron.

Raúl miró a Mariana.

Ella esperaba que él se sumara a las burlas.

Pero ocurrió algo inesperado.

Raúl dejó su vaso sobre la mesa.

—No. Lo que pasó es que me di cuenta de que gasto como si ganara el triple.

Las risas disminuyeron.

Mauricio levantó una ceja.

—¿Y ahora te administra Mariana?

—No se trata de eso.

—Entonces sí te domaron.

Mariana sintió que se le tensaba la espalda.

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