Mi marido me comparó con la esposa de un amigo y soltó: “Ella sí sabe atender a su hombre; con mi sueldo yo no debería tocar ni una escoba”. En vez de pelear, llamé a aquella mujer y después puse todos nuestros recibos sobre la mesa. Lo que descubrí sobre su supuesta “esposa perfecta” me dio una idea, pero el verdadero golpe llegó cuando nuestra tarjeta común quedó en cero.

Pero Raúl volvió a sorprenderla.

—Mauricio, tú fuiste el que me estuvo diciendo que Paola te sirve como reina de belleza doméstica y que tú nunca mueves un dedo.

Paola, que estaba a pocos metros, giró lentamente la cabeza.

Mauricio trató de reír.

—Era broma, hermano.

—Pues yo fui suficientemente tonto para tomármelo en serio.

Nadie dijo nada.

Raúl continuó.

—Llegué a mi casa y le dije a Mariana que como yo ganaba más, ella debía hacer todo. Hasta la amenacé con buscar otra mujer.

Paola abrió los ojos.

Una de las esposas presentes murmuró:

—No inventes.

Raúl bajó la mirada.

—Sí. Estuvo mal.

Mauricio intentó cambiar el tema.

—Bueno, cada matrimonio funciona distinto.

Entonces Paola cruzó los brazos.

—Ya que estamos hablando de cómo funciona cada matrimonio, ¿quieres contarles quién limpia nuestra casa?

Mauricio la miró alarmado.

—Paola…

—Viene Lupita lunes, miércoles y viernes. La ropa la mandamos a lavandería. Tú no sabes ni dónde guardamos el detergente.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *