Mi marido me comparó con la esposa de un amigo y soltó: “Ella sí sabe atender a su hombre; con mi sueldo yo no debería tocar ni una escoba”. En vez de pelear, llamé a aquella mujer y después puse todos nuestros recibos sobre la mesa. Lo que descubrí sobre su supuesta “esposa perfecta” me dio una idea, pero el verdadero golpe llegó cuando nuestra tarjeta común quedó en cero.

Y cuando hizo las cuentas aquella noche, descubrió algo que ni siquiera ella esperaba.

No podía creer lo que estaba a punto de pasar…

PARTE 2

Los primeros días, Raúl caminó por la casa con una sonrisa insoportable.

Había separado una cantidad para gasolina, comida y gastos personales, convencido de que todavía le sobraría dinero.

—Mira y aprende —le dijo a Mariana—. Sólo se necesita saber administrar.

Ella no discutió.

Cada mañana preparaba algo sencillo con la parte acordada para alimentos. Huevos, frijoles, tortillas, verduras de temporada. Nada de los cafés caros que Raúl compraba antes, ni tocino, ni cortes de carne, ni bebidas importadas.

El primer sábado él abrió la alacena.

—¿Y mi café?

—Se terminó.

—Compra otro.

—Con el dinero que apartaste para tus alimentos ya no alcanza para esa marca.

Raúl la miró como si estuviera hablando en otro idioma.

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