“Yo no quiero nada.”
“Entonces cancela esto.”
“No.”
“¿Quieres una disculpa?”
“No.”
“¿Dinero?”
Tuve que contener otra sonrisa.
Arturo miró alrededor de la sala.
Comprendió lo absurda que sonaba aquella posibilidad.
“Entonces dime qué quieres de mí.”
Lo miré durante varios segundos.
“Nada.”
Aquella palabra le dolió más que cualquier amenaza.
“Hace diez años necesitaba muchas cosas de ti. Necesitaba que fueras mi padre. Necesitaba que no destruyeras mi reputación porque quería administrar mi propio salario. Necesitaba que mamá dijera la verdad. Necesitaba que Claudia dejara de repetir todo lo que ustedes decían.”
Cerré la carpeta.
“Pero sobreviví sin ninguna de esas cosas.”
Beatriz comenzó a llorar.
“Somos una familia.”
“Solo cuando hay dinero sobre la mesa.”
“Eso no es cierto.”
“Entonces dime dónde estaban durante los dos años después de mi despido.”
Se hizo silencio.
Nadie contestó.
Porque sabía la respuesta.