Volvió a mirar mi nombre.
Su voz se quebró.
“Es Valeria. Mamá… todo esto es de Valeria.”
Desde el piso 62, sostuve mi taza de café y observé la ciudad a través del vidrio.
Por primera vez en diez años, mi familia acababa de descubrir que nunca había desaparecido.
Había estado construyendo algo.
Y todavía no sabían lo que guardaba dentro de la carpeta negra que descansaba frente a mí.
Parte 2: Una hora después, Arturo y Beatriz entraron al vestíbulo.
Mi padre comenzó exactamente como había terminado diez años atrás.
Gritando.
“¿Dónde está mi hija? Quiero hablar con el responsable de este lugar.”
Mauricio, nuestro jefe de seguridad, ni siquiera cambió de expresión.
“Señor Vargas, está en una propiedad privada. Le recomiendo bajar la voz.”
Arturo golpeó el mostrador.
“¿Sabes quién soy?”
Mauricio respondió:
“Sé perfectamente quién es.”