Levanté la mirada.
“Incluida la tuya.”
Su rostro cambió.
Pasó una página.
Luego otra.
Allí estaban los préstamos comerciales de su empresa.
Después apareció la segunda hipoteca de su casa.
Su mano comenzó a temblar.
“Esto… esto no puede ser.”
“Sí puede.”
Cerré la carpeta.
“Viniste esperando que tu hija te salvara.”
Me incliné hacia delante.
“Pero antes de pedir dinero deberías preguntarte algo, papá.”
Arturo me miró.
“¿Qué?”
Sonreí.
“¿Cuánto de tu vida todavía te pertenece realmente?”
Parte 3
Arturo se levantó tan rápido que la silla chocó contra el suelo.
“¡No puedes hacerme esto!”
Mauricio dio un paso hacia delante.
Yo levanté una mano.
“No hace falta.”
Miré a mi padre.
“Déjalo hablar.”
Arturo estaba rojo.
“Soy tu padre.”
“Lo sé.”
“Todo lo que tienes comenzó conmigo.”
Esa frase consiguió algo que sus gritos no habían conseguido.
Me hizo reír.