“¿De verdad?”
“Claro. Lo que hice contigo fue disciplina. Necesitabas aprender a luchar.”
Mi madre reaccionó inmediatamente.
“Siempre estuvimos orgullosos de ti, hija.”
Claudia me miró sin decir nada.
Arturo apoyó ambas manos sobre la mesa.
“Ahora que sabemos que estás bien, podríamos arreglar muchas cosas. Mi empresa está atravesando una etapa complicada. Quizá podríamos integrar negocios. Yo podría ayudarte en el consejo.”
Saqué la carpeta negra.
La dejé delante de él.
El golpe seco hizo que todos miraran.
“Hace diez años me quitaste un empleo porque dejé de darte 22.000 pesos al mes.”
Su sonrisa desapareció.
“Eso fue hace mucho tiempo.”
“Para ti.”
Abrí la carpeta.
“Hace seis meses, mi grupo creó una división para comprar carteras empresariales de alto riesgo.”
Arturo frunció el ceño.
“¿Y eso qué tiene que ver conmigo?”
Empujé hacia él la primera hoja.
“Compramos los créditos de varias empresas con problemas financieros.”