—¿Por qué le pediste que volviera el sábado?
—Porque el sábado es buen día.
—¿Para qué?
—Ya verás. Ven temprano.
Sábado a las seis
Desde la muerte de mamá, papá salía de casa todos los viernes antes del amanecer. Su vieja camioneta arrancaba cuando el barrio seguía oscuro. Yo pensaba que iba al mercado o que no podía dormir. Nunca me dio explicaciones y yo no pregunté. Después de la visita del inspector me pregunté si esos viajes tenían que ver con tanta comida. ¿Adónde iba todo eso? ¿Por qué tantas matas de jitomate? ¿Por qué cosechaba tanto sin llevar casi nada a su cocina?
El sábado amaneció frío y con niebla espesa. Llegué antes de las seis. Papá ya estaba afuera, con su chamarra gastada, sus botas y la gorra que mamá le regaló. En la mano, un balde abollado. El inspector llegó puntual, con la misma tablilla.