Mi papá compró un depto de 4 recámaras y me olvidó al contar. Me mandó a dormir al balcón en un catre oxidado. Cuando vi mi firma falsificada para venderme a Dubái, hice mis maletas.

Mi mamá cruzó los brazos.

— Ves, hasta tus hermanos lo ven. Es lo mejor para todos. Ya hablé con la licenciada de la agencia. Solo falta que vayas a firmar y te vas en quince días.

En ese momento entendí el giro completo. No solo habían olvidado mi cuarto. Habían planeado mi vida sin mí. Querían venderme a un trabajo que yo no quería para pagar un departamento donde yo ni siquiera tenía cama.

Corrí al balcón y cerré la puerta corrediza. Me dejé caer sobre el catre. Lloré en silencio para que no me escucharan.

Abrí de nuevo el correo de Melbourne. Tenía un mensaje nuevo de la coordinadora, Sarah: “Daniela, estamos felices de tenerte. Tu vuelo sale en 20 días. Por favor, confirma tu pasaporte.”

Veinte días. Solo necesitaba resistir veinte días más.

Esa noche, mientras todos dormían, escuché a mis papás hablar en su recámara. La puerta estaba entreabierta.

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