Abajo, había una firma. Mi firma. Falsificada. Perfectamente imitada.
No era mi letra temblorosa. Era una copia calcada de mi credencial del INE.
Sentí el estómago revuelto. Yo no había aceptado esa oferta de trabajo en Dubai como empleada doméstica que me había llegado por Facebook. La había rechazado porque era una estafa. Pero mi mamá la había aceptado por mí. Y había falsificado mi firma para que me depositaran a mí y ellos pudieran cobrar.
Entré a la sala con el celular en la mano. Mi mamá estaba doblando la ropa de Valentina, mi papá viendo el futbol, Marco con sus audífonos gamer y Valentina grabando un TikTok en su cuarto rosado.
— Ma, ¿qué es esto?
Le enseñé el correo. Lo leyó sin inmutarse.
— ¿Y qué? Es una buena oportunidad. Te pagan 40 mil al mes en Dubai. Con eso por fin nos ayudas a pagar la hipoteca de este departamento. ¿O crees que se paga solo?