Nuestro viaje al océano iba a ser el último deseo de mi hija, pero el gerente del hotel me reveló algo que jamás esperé…

El mío contenía palabras destinadas únicamente a mí.

El de Sophie contenía cosas que quería que recordara.

Y una cosa más.

Un cuento.

Uno que papá había escrito él mismo.

Trataba sobre una niña que viajaba al océano en busca de la sirena que siempre había soñado conocer.

Y la encontraba.

Sophie leyó despacio.

Cuando terminó, apretó el cuaderno contra su pecho.

«Lo escribió para mí.»

«Sí.»

«Sabía que no estaría aquí para leérmelo.»

«Sí.»

Lo abrazó con más fuerza.

«Pero sigue siendo él quien me lo está leyendo.»

Se me cerró la garganta.

«Sí.»

Debajo de los cuadernos había dos fotografías.

En una aparecían Sophie y el abuelo en el centro de tratamiento.

Él sostenía el libro de cuentos.

Ella sonreía.

Él también.

La segunda fotografía era de mí cuando era una niña.

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