Ethan no respondió.
Caleb preguntó:
—¿La donación benéfica?
—Se modificará —dijo Leonardo—. Una parte seguirá destinada a la fundación. Otra será reservada para ustedes, si deciden aceptarla cuando sean adultos. No porque sean “dignos de mi sangre”, sino porque son mis hijos.
Adrian bajó la mirada.
—A mí no me gusta esa frase.
—A mí tampoco —dijo Leonardo—. No debí decirla.
—Sonó como si la sangre fuera un premio.
—Lo fue. Para mí. Y estaba equivocado.
Caleb estudió su rostro.
—Está respondiendo mejor de lo que esperaba.
—He tenido catorce años para equivocarme. Estoy intentando no desperdiciar también esta conversación.
Mara me miró de reojo.
Yo no dije nada.
No podía negar que Leonardo estaba haciendo lo correcto.
Pero lo correcto, cuando llega tarde, a veces parece una sombra de lo que debió ser.
Las semanas siguientes fueron difíciles.
No hubo reconciliación instantánea.