Me apoyé contra el mostrador.
—Sí. Me perdiste.
Él asintió.
—Lo sé.
—Y yo también te perdí a ti. Al hombre que creí que eras.
Sus ojos se llenaron de una tristeza quieta.
Me apoyé contra el mostrador.
—Sí. Me perdiste.
Él asintió.
—Lo sé.
—Y yo también te perdí a ti. Al hombre que creí que eras.
Sus ojos se llenaron de una tristeza quieta.