—Entonces las transferencias no eran sólo para ayudarlo.
—Quería que pagara a esas personas y terminara con todo antes de que tú descubrieras lo que había hecho.
—¿Y cuando Sofía lo encontró en mi despacho?
Mariana cerró los ojos.
—Todo se vino abajo.
Sergio había empujado a Sofía cuando ella intentó quitarle la carpeta que llevaba. Mariana llegó poco después. Él le contó lo ocurrido y le dijo que, si yo denunciaba la agresión, saldrían también a la luz los documentos y las transferencias.
Así comenzó el encubrimiento.
Hielo para el golpe.
Una historia sobre una caída.
Un unicornio de peluche para Sofía.
Y una orden:
“No le digas a papá.”
—¿Y esta semana? —pregunté—. Tú la empujaste. Sergio ni siquiera estaba ahí.
Mariana empezó a llorar más fuerte.
—Sofía me dijo que cuando volvieras te iba a contar lo de las escaleras.