Familias que necesitaban respuestas.
Personas que llegaban a urgencias pensando que su peor día había comenzado y esperaban encontrar a alguien que no las abandonara.
Una tarde, después de otra guardia larga, salí por las puertas del hospital.
Clara estaba esperándome.
—¿Te llevo a casa?
Sonreí.
—Sí.
—¿Y Adrian?
Miré hacia el estacionamiento.
—Ya no importa.
Clara sonrió.
—¿Segura?
—Por primera vez, sí.