La misma palabra que Gabriel había repetido durante tres días.
“Fue un accidente.”
“Una caída terrible.”
“Nada más.”
La grabación se detuvo.
Por un instante nadie habló.
Después, el teléfono vibró otra vez.
Todos miraron la pantalla.
Había un segundo archivo.
Mateo susurró:
—Ese es el que mamá dijo que era importante.
Lucía lo abrió.
Esta vez no era una nota de voz.
Era un video.
La imagen estaba oscura.
Parecía grabado desde un bolsillo o una mesa.
Al principio solo se escuchaban voces.
La de Gabriel.
Y la de otra persona.
—¿Estás seguro de que nadie va a encontrarlo?
Era una voz masculina desconocida.
Gabriel respondió:
—Ella confía demasiado. Siempre cree que puede arreglar todo hablando.
Lucía sintió que sus manos empezaban a temblar.
La cámara se movió ligeramente.
Entonces apareció el rostro de Gabriel.