—Después de esto, todo será más sencillo.
El video terminó.
Nadie dijo una palabra.
Porque ya no estaban escuchando una sospecha.
Estaban viendo una prueba.
Gabriel reaccionó de golpe.
—¡Esto está editado!
Su grito rompió el silencio.
—¡Alguien pudo haber creado esto!
Pero incluso él sabía que no sonaba convincente.
Lucía miró al teléfono.
Luego a él.
—¿Quién es Víctor?
No respondió.
—Gabriel.
Silencio.
—¿Quién es Víctor?
Su rostro perdió color.
Fue suficiente.
La policía llegó cuarenta minutos después.
No porque alguien hubiera llamado todavía.
Sino porque una de las tías de Adriana, aterrorizada por lo que había visto, tomó el teléfono y llamó desde la cocina.
Mientras los agentes revisaban el dispositivo, Mateo permanecía junto a Lucía.
—¿Mamá sabía que iba a pasar?
Lucía sintió que esa pregunta le rompía algo por dentro.