PARTE 2: La grabación que nadie debía escuchar

Se arrodilló frente a él.

—No lo sé, mi amor.

El niño miró el ataúd.

—Ella me dijo que si papá decía que fue un accidente, yo tenía que esperar.

Lucía frunció el ceño.

—¿Esperar qué?

Mateo sacó algo del bolsillo del pantalón.

Una pequeña llave.

Plateada.

—Esto.

Lucía la tomó.

No era una llave común.

Tenía grabadas unas iniciales.

A.S.

Adriana Salgado.

Debajo había un número.

Un número que no significaba nada para ella.

Hasta que uno de los policías lo vio.

Su expresión cambió.

—Señora…

Lucía levantó la vista.

—¿Qué?

El oficial miró la llave.

Después el teléfono.

—Este número corresponde a una caja de seguridad privada.

Silencio.

—¿Su hermana tenía una caja de seguridad?

Lucía negó lentamente.

—No que yo supiera.

El oficial guardó la llave en una bolsa de evidencia.

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