Durante unos segundos nadie habló.
Finalmente Owen espoleó su caballo.
—Esto no termina aquí.
Se marchó dejando tras de sí una amenaza flotando en el aire.
Esa misma noche alguien incendió el establo del doctor.
Las llamas iluminaron toda la propiedad.
Elías y varios vecinos lograron apagar el fuego antes de que alcanzara la casa.
Entre las cenizas encontraron una antorcha todavía humeante.
No había sido un accidente.
—Quiere asustarnos —dijo Elías.
El doctor negó lentamente.
—No.
Miró hacia la ventana donde Hannah observaba con miedo.
—Quiere terminar lo que empezó.
Al día siguiente ocurrió el primer gran giro.
Una anciana llegó caminando desde el pueblo.
Se llamaba Martha Collins.
Pidió hablar con Hannah a solas.
Después de varios minutos ambas salieron llorando.
—Yo trabajé durante años en el Rancho Miller —explicó Martha—. Hannah no fue la primera.
Elías sintió un nudo en el estómago.