En ese momento, la puerta del salón volvió a abrirse bruscamente. El director de la escuela entró a paso rápido, alarmado por el alboroto, seguido por dos agentes de seguridad del campus.
—¿Qué está pasando aquí? ¿Quién autorizó la entrada de un…? —empezó a decir el director, pero se detuvo en seco al ver el uniforme, los galones y el porte de Ben.
Ben no se inmutó. Giró levemente la cabeza y fijó la vista en él.
—Director Davis, me imagino. Me registré en la recepción principal hace exactamente siete minutos mostrando mi identificación del Departamento de Defensa. Subí directamente a esta aula porque su personal docente cometió un acto inaceptable de abuso de poder y humillación pública contra mi hija.
El director se acercó al escritorio, revisó los documentos desplegados y miró a la señorita Harrow, cuya soberbia del inicio se había esfumado por completo.