Qué ayuda: control oftalmológico y de audición una vez al año, y no postergar el uso de anteojos o audífonos cuando hacen falta.
5. El metabolismo se enlentece
El cuerpo gasta menos energía en reposo, por lo que es más fácil aumentar de peso, sobre todo alrededor del abdomen. También cambia la regulación del azúcar y de la presión arterial.
Qué ayuda: comer porciones moderadas, priorizar verduras, frutas y granos integrales, y controlar presión, glucosa y colesterol con regularidad.
6. La sed y la digestión cambian
La sensación de sed disminuye, por lo que es más fácil deshidratarse sin darse cuenta. La digestión puede volverse más lenta y aparecer estreñimiento o pesadez.
Qué ayuda: beber agua a lo largo del día aunque no tengas sed, comer fibra y moverte después de las comidas.
7. La memoria se vuelve más lenta, no peor