Quise sorprender a mi mejor amiga en su cumpleaños, pero la sorpresa fue verla besar a mi esposo en la entrada. Cuando escuché que planeaban vender el departamento de mi hijo, él dijo: “Si la empresa quiebra, ella se quedará sin nada”. Permanecí callada, guardé la grabación y esa misma noche abrí un sobre escondido en su portafolio.

Además, los registros mostraron que Andrés y Fernanda sí habían acudido a la oficina del crédito.

Héctor Valdés entregó estados de cuenta. Dos días después de recibir los dos millones y medio de pesos, Andrés transfirió seiscientos mil a la consultora de Fernanda bajo el concepto de “asesoría estratégica”. No existían informes, facturas detalladas ni servicios comprobables.

La policía recuperó correos borrados en la computadora de Claudia. En ellos, Fernanda preguntaba cómo presionar a Mariana para que vendiera. Andrés contestaba: “Con el niño se rinde más rápido. Ya le sembré la idea de la casa”.

También había un comprador preparado para adquirir el departamento por tres millones ochocientos mil pesos, casi un millón menos de su valor. La diferencia sería entregada en efectivo a Andrés después de la firma.

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