—Después de firmar, el anticipo pasará a la constructora —dijo Fernanda—. Así pagamos la mora y detenemos cualquier demanda.
Mariana revisó las hojas.
—Aquí dice que entrego el dinero en efectivo y renuncio a exigirlo durante tres años. Tampoco existe garantía de devolución.
Andrés golpeó la mesa con los dedos.
—Es un negocio familiar. Deja de comportarte como auditora.
—Soy contadora. Y se trata del patrimonio de mi hijo.
—También es mi hijo.
—Nunca lo adoptaste. Ayer dijiste que no era tuyo cuando pensabas que nadie te escuchaba.
Claudia levantó la cabeza. Andrés comprendió entonces que Mariana había estado escondida en la bodega.
—Así que eras tú —murmuró—. Todo este teatro empezó porque decidiste espiarnos.
—Empezó cuando falsificaste mi firma.
Fernanda intervino:
—No usemos palabras que puedan malinterpretarse. Fue una autorización provisional.
Mariana sacó una copia de la garantía.
—¿Quién firmó esto?