Quise sorprender a mi mejor amiga en su cumpleaños, pero la sorpresa fue verla besar a mi esposo en la entrada. Cuando escuché que planeaban vender el departamento de mi hijo, él dijo: “Si la empresa quiebra, ella se quedará sin nada”. Permanecí callada, guardé la grabación y esa misma noche abrí un sobre escondido en su portafolio.

Andrés la tomó, la miró apenas y la dejó sobre la mesa.

—Yo resolví una emergencia. Tú habrías aceptado si hubieras entendido la situación.

—Entonces reconoces que yo no firmé.

—Reconozco que salvé la empresa.

—¿Y por qué mandaste seiscientos mil pesos a Fernanda?

Ella cerró la carpeta.

—No voy a permitir acusaciones.

Claudia sacó una impresión.

—Aquí está el correo donde Andrés dice que después del pago se irán juntos a Puerto Vallarta. También dice que me culparán por robar los documentos.

Fernanda miró a Andrés con rabia.

—Me aseguraste que esa computadora estaba limpia.

Andrés se levantó y trató de arrebatarle los papeles a Claudia.

—Tú empezaste esto. Fuiste tú quien consiguió la identificación.

—Y fui yo quien entregó las pruebas —respondió ella—. Lo que hice fue imperdonable, pero la firma la falsificaron ustedes.

Mariana se colocó entre ambos.

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