—No la toques.
—Quítate.
—Vine a escuchar lo que necesitaba escuchar.
Era la frase acordada.
Andrés no entendió, pero Fernanda sí sospechó. Empezó a romper una hoja donde aparecía el precio reducido del departamento. Andrés tomó la carpeta y corrió hacia la puerta trasera.
No alcanzó a llegar.
Tres agentes entraron por la cocina y dos más bloquearon el patio.
—¡Documentos sobre la mesa! ¡Nadie se mueva!
Fernanda exigió un abogado. Andrés gritó que todo era una pelea matrimonial y que su esposa había aceptado vender. Los agentes recuperaron los pedazos de la hoja, aseguraron la carpeta y registraron el recibo preparado para hacer parecer que Mariana ya había recibido parte del dinero.
Cuando se lo llevaban, Andrés se volvió hacia ella.
—Sin mí te quedarás sola, con deudas y un hijo que mantener.
Mariana no respondió. Aquella amenaza ya no le produjo miedo, sino tristeza.