Javier fue directo:
—El departamento es tuyo. Andrés no puede venderlo, pero sí puede intentar hacerlo con documentos falsos. Primero protege la propiedad. Después denuncia la garantía.
Ese mismo día Mariana solicitó ante el Registro Público una alerta para impedir cualquier operación sin su presencia, cambió todas sus contraseñas y guardó las escrituras, su pasaporte y el acta de nacimiento de Emiliano en una caja de seguridad.
En su cuenta encontró un acceso desconocido desde el que habían descargado una constancia del departamento.
Por la tarde, Héctor Valdés, uno de los inversionistas de Andrés, llegó a buscarla.
—Su marido aseguró que usted vendería la propiedad y pagaría las deudas —dijo—. Incluso me mostró la garantía.
—Yo no firmé nada.
Héctor palideció. Le entregó mensajes donde Andrés afirmaba que Mariana apoyaba totalmente la constructora y que el dinero llegaría antes del lunes.