Esa noche permaneció sentado.
Héctor golpeó la mesa.
—Estás enfermo de dolor.
Julián lo miró.
—Puede ser.
—Regresa a España.
—Eso haré.
Patricia lo acompañó a la puerta.
Antes de que saliera, lo abrazó.
—Perdóname por no haber podido salvar a Camila.
Julián cerró los ojos.
Su propia hermana había fingido llorar ante él durante ocho meses.
—Yo tampoco me perdonaría algo así —respondió.
Cuando subió al coche recibió un mensaje de Lucía.
“No vayas a casa. La clínica se movió.”
El director médico había descubierto una nueva orden de sedación extraordinaria ingresada por Santillán.
No la había autorizado.
La enfermera Sofía también había reportado haber visto nuevamente a Héctor.
A las diez y cuarenta de la noche, el doctor Santillán apareció en el pasillo de la habitación 18.
—Sofía, yo atenderé a la paciente. Puede retirarse.