Regresé de Alemania y fui primero al cementerio, como cualquier padre que llevaba ocho meses llorando a su hija. El cuidador bajó la voz: “Hubo funeral, pero nunca hubo entierro”. Guardé el teléfono, fingí no saber nada ante mi familia y esa noche abrí un archivo secreto. Lo que decía explicaba el accidente, el ataúd vacío y por qué alguien seguía pagando una clínica cada mes…

La paciente fue trasladada veinticuatro horas después, pero en el sistema consultado por la investigación no aparecía claramente a qué institución.

Mientras Lucía seguía rastreando documentos, Julián solicitó una auditoría interna.

Encontraron contratos inflados, compras de maquinaria que jamás llegó y proveedores relacionados con amigos de Héctor y Rodrigo.

En menos de dos años habían desaparecido más de cuarenta millones de pesos.

Camila lo había descubierto.

También encontraron algo peor.

El vehículo que atropelló a la joven había sido identificado parcialmente por cámaras cercanas. Era una camioneta utilizada durante años por Manuel Cárdenas, antiguo chofer de Héctor.

Después del accidente, Manuel pagó varias deudas y abandonó Jalisco.

Julián quería enfrentarse a su cuñado en ese instante.

El investigador Emilio Vargas se lo prohibió.

—Si su hija sobrevivió y alguien la está ocultando, cualquier movimiento suyo puede ponerla en peligro.

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