Nadie respiraba.
—Pero cometiste un error.
Señalé a Rodrigo.
—Nunca le enseñaste lealtad.
Rodrigo empezó a negar con la cabeza.
—No sé de qué estás hablando.
Presioné otro botón.
Su voz apareció en los altavoces.
“Mamá, yo maté al hombre de Octavio. Me quedé con los sesenta millones. Camila me ayudó a tirar el cuerpo.”
Rodrigo se desplomó en la silla.
Octavio lo miró.
No había miedo en sus ojos.
Había odio.
—¿A quién mataste? —preguntó.
Rodrigo guardó silencio.
Saqué una fotografía.
La identificación de Sebastián.
La coloqué frente a Octavio.
—El hombre que contrataste para matarme era Sebastián Salgado.
Octavio miró la fotografía.
—No…
—Sí.
Por primera vez su voz se quebró.
—Sebastián era mi hijo.
Rodrigo levantó la cabeza lentamente.
—Yo no sabía…
Octavio golpeó la mesa.
—¡Era tu hermano!
El caos explotó.
Octavio se lanzó sobre Rodrigo.