Andrés comprendió que su madre no había actuado únicamente por necesidad económica.
Había utilizado su autoridad familiar para intentar controlar a una mujer que acababa de pasar por una intervención importante.
Y cuando aquella mujer se mantuvo firme, prefirió castigarla antes que reconocer sus propios errores.
Carmen intentó acercarse.
—Soy tu madre, Andrés.
Él retrocedió ligeramente.
—Precisamente por eso te confié lo más importante que tenía.
Su madre dejó de moverse.
—Te confié a Irene y a Nico. Te entregué dinero para que estuvieran bien. Y tú utilizaste su necesidad para proteger un negocio que ni siquiera era mío.
Carmen intentó justificarlo diciendo que temía perder a Beatriz y Raúl si no conseguía ayudarlos.
—Pensaba que tú siempre estarías bien. Tienes trabajo, dinero y una vida organizada.
Andrés negó lentamente.
—Que yo pueda mantener a mi familia no significa que tengas derecho a quitarle lo necesario.