Nunca imaginó que tendría que proteger a su esposa y a su hijo precisamente de las personas en quienes más había confiado.
Y comprendió algo que ya no olvidaría:
Perdonar puede ser una decisión del corazón, pero volver a confiar exige hechos. Porque ninguna madre, hermana o familiar tiene derecho a convertir el amor en una excusa para abandonar a quienes más necesitan protección.