Andrés la observó durante varios segundos.
Recordó aquella Nochevieja, el frío del piso, el frigorífico vacío y la mirada agotada de su esposa.
Después miró a Nico, sano y rodeado de cariño.
Comprendió que recuperar el dinero nunca había sido lo más importante.
Había recuperado la confianza de Irene y aprendido a proteger los límites de su hogar.
Aquella noche, cuando todos se marcharon, Irene se sentó junto a él con Nico dormido sobre su pecho.
—¿Crees que algún día podremos volver a ver a tu madre? —preguntó.
Andrés miró a su hijo.
—Quizá. Pero solo cuando los 2 estemos preparados y sepamos que será seguro para nuestra familia.
Irene apoyó la cabeza en su hombro.
No necesitaban tomar aquella decisión esa noche.
Fuera, Madrid seguía iluminado.
Andrés recordó la maleta de regalos con la que había regresado aquel 31 de diciembre, convencido de que encontraría una familia feliz esperándolo.